«Así es mi Padre» por Liss Olivo

El Señor es, con aquellos que le honran, tan tierno como un padre con sus hijos. Pues Él sabe de qué estamos hechos, sabe bien que somos polvo. Salmos 103:13

Mis padres se separaron cuando tenía 3 años de edad y crecí en lo que se conoce como una familia disfuncional, quizá muchos de quienes lean éste escrito empaticen con mi historia familiar y hayan crecido sólo con uno de sus padres, o  algún pariente; Tal vez con un mal padre, poco afable y agresivo, que en el fondo fue como no tenerlo. La verdad que a pesar de la separación, con todos los esfuerzos de mi madre y su gran amor podría decir que no sentí carencias afectivas y  que quizás  mi vida se desarrolló normalmente.

Pero con los años he entendido que esto sí  tiene  en su trasfondo una influencia, la cual afecta en nuestra vida espiritual y la  manera de relacionarnos con Dios. Llegué a un punto de mi vida en que reconocí que a pesar de haber nacido en el evangelio, hasta ese entonces  jamás contemplé a Dios como un Padre, sencillamente  no podía porque no tuve un referente masculino directo de paternidad. Conocía los versículos que hablaban del Dios Padre, me sabía muy bien la historia del hijo prodigo, pero no concebía en mi vida personal una relación con Dios como “Mi Papá”.

Dentro de la iglesia me ha tocado conocer casos similares a lo que yo viví, no pocos. Donde a cristianos les cueste vivir una vida de comunión por no reconocer paternidad en Dios, porque no tienen una visión de qué es ser un “padre”, o la que tienen está deformada, ya sea por los antecedentes y experiencias  familiares o porque en sus congregaciones los predicadores se han dedicado a hablar del Dios creador, grande y temible; Pero que sin dejar de ser  todo eso, es mucho más. ÉL DETERMINÓ AMARNOS de tal manera en que al enviar a nuestro Señor Jesucristo, por medio de Él nos obsequiara la oportunidad de ser  sus hijos. La biblia dice que nos ha dado espíritu de adopción, ese espíritu de adopción que ha venido a través de Jesús, es el que ha venido a quitar toda orfandad de nuestros corazones, todo concepto herrado que pudiéramos tener de lo que es un padre para nosotros, y dice la palabra que por medio de Cristo Jesús usted y yo podemos clamar – ¡Abba! – Y  Abba significa según su raíz  “Padre”, que era conocido como un término de cariño tierno por parte de un hijo amado, es decir, de una relación afectuosa y dependiente con su padre; “Papito”.

¡Esto es! De tal manera nos amó Dios que nos ha dado junto a con su salvación en Cristo, una vida de fe para vivirla en intima dependencia a ÉL pudiendo decirle al Dios creador, poderoso, grande y temible: “Papito amado”, “Abba Padre”, “Padre mío”.

Queridos amigos, antes de comprenderlo yo oraba a diario, ayunaba, me congregaba, participaba en varias actividades congregacionales; Y todo eso me gustaba. Amaba a Dios, sí, pero debo ser sincera; Nunca antes había vivido la profundidad de la verdad del evangelio sino hasta cuando Cristo me reveló al Padre en intimidad. Y  luego de eso mis oraciones cambiaron ¡Mi deseo de búsqueda también! Ya no era un mero “cumplir” con lo que correspondía a deberes cristianos para “no enfriarse”, sino que nació el “desear” profundamente  llegar a mi Señor  Jesucristo en oración y poder tender un encuentro con mi Padre eterno. Por eso nuestro Señor dijo.-  Cuando oren, háganlo así: “Padre nuestro”. Él nos dejó señalado cómo debemos llegar a Dios por medio de ÉL, como hijos al Padre.

Ese Padre que muestra Salmo 103, el Padre tierno que se compadece y que nos entiende, es el Padre que a todo el que toma por hijo le corrige y le disciplina, porque  le ama. Es el mismo que  entiende nuestra condición cuando somos débiles, cuando estamos en dificultades, cuando sencillamente nos sentimos cansados y en quien podemos confiar, correr a sus brazos pidiendo su  perdón, su ayuda, su consejo, su amor y que siempre estará ahí para usted y para mí; Porque así es nuestro Padre.

Permítame  invitarle  a orar a Dios y  que en su tiempo de hablar con ÉL, usted pueda pedirle  a Jesús que le revele por medio de su Espíritu Santo aquel espíritu de adopción mediante el cual podemos clamar ¡Abba!. Él en su abundante amor y gracia le tomará entre sus brazos como un padre carga a su hijito. Y le ayudará a caminar sosteniendo sus manos con su poder  por sobre todo aquello en que usted diga “no puedo”, Él siempre nos dirá -“YO te ayudo”-.

Gálatas 4:6 (RVR1960)

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama !Abba, Padre!


Juan 17:23 (RVR1960)

Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.


Salmos 27:10 (NTV)
Aunque mi padre y mi madre me abandonen, El Señor me recibirá en sus brazos.


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