«Calificado y elegido» por Key Trejo

Siempre nos han dicho que tenemos que calificar en algo para poder ser aceptados. Desde niños nos enseñaron que teníamos que ser los mejores para poder pertenecer a un grupo o poder agradar a las personas. Crecimos con eso en mente y por consecuencia todo nuestro esfuerzo lo invertíamos en ser los mejores, en la escuela, en algún deporte, con amigos o familia; lamentablemente muchas veces no podía ser así y eso nos llevaba a sentirnos mal con nosotros mismos.

Quizás recuerdes alguna vez en la escuela que no te eligieron para ser parte de un equipo, o tal vez hace poco fuiste a una entrevista de trabajo y no te escogieron para algún puesto, quizás tu pareja terminó contigo porque pensó que había una persona mejor que tú. El ser descalificado por alguien muchas veces hace que nos restemos valor, un valor que el único que tiene derecho a definirlo es nuestro Creador.

La verdad es que no necesitas ser perfecto para ser calificado y elegido por Dios, no necesitas ser el mejor para que fije su mirada en ti; Dios ya te eligió, lo hizo desde antes que nacieras.

Efesios 1:4 dice que «incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos». Dios ya te tenía en mente para que fueras parte de su plan y darte lo mejor sin importar qué cosas buenas había en ti. Las personas la mayoría de las veces nos van a elegir en base a nuestras habilidades y capacidades pero Dios no.

No bases tu identidad en lo que otros piensan de ti, no le des el peso de tu valor a lo que otras personas opinan. Lo único que te debería de importar es lo que Él opina de ti y lo que Dios piensa es que eres lo mejor que pudo haber creado en el mundo.

Si alguna vez trataste de ganar la aceptación y aprobación de alguien ya no tienes porque hacerlo, saber que eres el objeto del amor de Dios debería bastarte para sentirte la persona más afortunada del mundo.

No te valores por quien te eligió o no en la tierra hazlo por quien lo hizo en el cielo.

Deja de buscar ser el mejor para ser aceptado porque en tu intento quizás puedas perderte de lo mejor: el poder de Dios haciéndose fuerte en tu debilidad.

Abraza el ser aceptado por Dios y vive disfrutando el saberte elegido por el Rey del universo. Que tu identidad siempre esté anclada en Su amor por ti y en el valor que Jesús te dio por medio de la cruz, porque nada en este mundo puede definirte mejor que eso.

 

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