«Un Dios íntimo» por Jairo Valenzuela

Conocí a un joven que en su afán de explicarme lo maravilloso y nuevo que era para él orar a Dios, me invita a realizar un ejercicio mientras viajábamos a casa luego de salir de una reunión de evangelismo en la Universidad.

El ejercicio consistía en imaginar lo que ocurre mientras oro a Dios.

― ¿Lo estás imaginando?

―Sí. Conteste

―Ahora como si de una cámara que se eleva pudieras mirar el techo de tu habitación y tú orando.

―ok, ahí voy…

―Sigue subiendo… Imagina los techos de las casas de tus vecinos, el sector donde vives, tu comuna, sigue subiendo e imagina tu provincia, la región, el país, el continente, el mundo… ¡La galaxia! ¡El universo! ¡Los cielos de los cielos!.. ¿Sabes quién está allí, sobre todo lo creado? ¡El rey de reyes, Dios mismo sentado en su trono!

― Sí es verdad, Dios está allí.

― ¡Así es! Ahora haz el mismo ejercicio al revés, imagina los cielos de los cielos, el universo, la galaxia, el mundo, el continente, el país, la región, la provincia, tu comuna, el sector donde vives ¡Los techos de las casas de tus vecinos! ¡El techo de tu casa! ¡Tú en la habitación orando de rodillas!..¿Sabes quién está ahí?..¡El Rey de Reyes, el mismo Dios que está sentado en su trono sobre todo lo creado ¡Ahora está sentado en el borde de tu cama escuchando tu oración…!

―Apocalipsis 1:8― «Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.» ―Salmos 145:18-19― «Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.»

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