«Cuerdas de amor» por Camila González

Dios siempre está presente en nuestras vidas, aún cuando nos hemos alejado de sus caminos por diversas situaciones. Su fidelidad y amor sobrepasan nuestro entendimiento, permitiéndonos ver las huellas de su amor en innumerables momentos, huellas que son como cuerdas que nos atraen hacia sus brazos.

La Biblia nos habla del hijo pródigo, su padre era un hombre adinerado, de manera que este hijo no tenía necesidad alguna a su lado, pero aun teniéndolo todo, vivía como el hombre mas pobre de la tierra, ya que no era capaz de ver las bendiciones que le rodeaban, vivía anhelando lo que no tenía, pensaba que su felicidad estaba fuera, quería “disfrutar la vida”, pero solo encontró caminos que llenaron de soledad su corazón, experimentando miserias que nunca antes había vivido. Lejos, recordaba las bendiciones de la casa del padre, el arrepentimiento se derramó sobre su alma y una cuerda de amor le llevó hasta casa, cuando vio que desde lejos el padre le estaba esperando y salió a recibirle, al estar entre sus brazos, se dio cuenta que era rico.

Cuando nos alejamos de Dios, la casa del padre siempre vuelve a nuestro pensamiento, anhelamos estar cerca porque hemos conocido las delicias que se encuentran en su presencia, sentimos sobre nuestra conciencia cuerdas de amor que nos atraen hacia su casa, Dios nos dice: “Acuérdate de tu Creador” (Ecl 12:1).

 La cuerda de amor está amarrada a nuestro corazón, al alejarnos se estira, llega un momento que no puede ceder más, entonces debemos volver y Dios nos acoge. Es tiempo de volver, el mundo se destruye, Cristo vendrá a buscar a su iglesia y nadie sabe si despierta al día siguiente, por ello, aparta el orgullo y vuelve a sus brazos, no endurezcas tu corazón a la voz amante de tu Creador ya que ninguna cosa creada se puede comparar con estar en la casa del Padre.

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