«En incensario de oro» por Damaris Barrera

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”(1 Juan 1:9)

En este versículo, medito en lo afortunados y privilegiados que somos al doblegar nuestras rodillas en la presencia del Señor. Entregando nuestro corazón sucio por el pecado, Él lo toma en sus manos transformándolo en una vasija de honra, pero todo esto es posible mediante la oración. (Filipenses 1:6)

Esta sublime y hermosa acción no es un deber pequeño que se coloca en en un rincón, ni mucho menos una ejecución rápida realizada sin dedicación, sino que es nuestra comunicación directa con Dios, por quien existen y subsisten todas las cosas.

Esta humilde y sencilla acción debe ser el cuerpo que conforma la sangre, los huesos de todo nuestro ser, poniendo en ella el corazón y lo mejor de nuestro tiempo, en integridad. En ese momento cuando doblegamos nuestras rodillas, las fuerzas y devoción deben de ser dadas a Dios por medio de un clamor fervoroso, penetrando tan fuerte en lo más íntimo de nuestro ser y vida como hizo en “las lágrimas y clamor de Cristo” (Hebreos 5:7), desarrollando en el alma una agonía de deseo como el apóstol Pablo, un fuego como la oración ferviente y efectiva de Santiago. Así como cuantos hombres y mujeres que, entregando su vida, el Todopoderoso escuchó sus suplicas, siendo la respuesta de ellas de una manera libre, conforme al consejo de la voluntad de Dios.

La oración, es aquella cualidad que cuando la ponemos por fe en incensario de oro delante de Dios, obra poderosamente.

Por eso, les invito a acercarnos al Señor Jesucristo, el único que puede interceder por nuestras vidas, a través de la comunión perfecta entre el Hijo y el Padre, nuestras oraciones tienen respuesta.

Santiago nos dice confirmando que “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16) y Cristo nos dice, “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré.” (Juan 14:13), pues “Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14), sólo Dios sabe lo que nos es preciso pedir, para permanecer dentro de la línea de su voluntad.

Aprendamos a depender de Dios en oración, Él conoce lo íntimo de nuestro corazón, nada se escapa dentro de su perfecto plan, Él es soberano y tiene compasión por los que le buscan, su oído está atento al clamor de su pueblo.

Acerquémonos a Él mientras nos enfrentamos a este mundo contra el enemigo, el apóstol Pablo nos exhorta así:

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18)

Aquel que humildemente ora, se confía enteramente de la sabiduría del Señor.

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