«Mi tesoro incorruptible» por Damaris Barrera

Vivimos en una sociedad donde las personas piensan solo en ganar y atesorar, angustiados por no tener lo que anhelan. Esto consume sus pensamientos, tiempo y energía, al grado de ser esclavos de los bienes que poseen. Sin duda, planear para el mañana es tiempo bien invertido, pero afanarse en ello es pérdida de tiempo.

Notemos la diferencia: Planear es pensar con antelación en metas, pasos y fechas, confiando en la dirección de Dios. Cuando se hace bien, el afán disminuye. El afanoso, en cambio, se ve atormentado por el temor y se le dificulta poner todo en las manos de Dios.

Jesús contrastó los valores celestiales con los terrenales, afirmó que debemos dedicar nuestra lealtad y prioridad a las cosas que no se marchitan y que no se envejecen, pues nada llevaremos a donde Cristo está (Mateo 6:19-20).

Dios nos invita a examinar en dónde está nuestro corazón. ¿Está viviendo tranquilamente con lo que tiene porque ha elegido lo eterno y duradero, o se está desgastando en cómo obtener lo que no puede lograr? La Palabra de Dios nos dice: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21).

No digo que debamos dejar de lado el trabajo ni responsabilidades que nos corresponden, pero cometemos pecado de Idolatría cuando las cosas terrenales toman mayor importancia, o robo, cuando dejamos de dar lo que al Señor le pertenece. El Maestro nos dice por medio de Pablo, apóstol de Cristo, que la raíz de todos los males es el amor al dinero (1 Timoteo 6:10).

Buscar el reino de Dios y su justicia nos llevará a darle el primer lugar a Él, tomar su carácter, servirle y obedecerle en todo, confiando en que dará de sus añadiduras según sea su voluntad y nuestra necesidad.

Si usted tiene proyectos o sueños, póngalos todos en las manos de nuestro Padre. Él, conforme a su propósito, dará sabiduría y entendimiento para ser buenos administradores de lo que poseemos  por misericordia. Dejemos que guíe y lleve el control en todo los aspectos de nuestras vidas; tan solo así el nombre de Cristo será glorificado.

“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” (Romanos 8:5-6).


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