«Pequeños ante Dios» por Damaris Barrera

“Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” (Jeremías 1: 6, 7)

Podemos leer como en las primeras líneas de este escrito, Jeremías, tan solo un jovencito, sentía una reticencia natural cuando fue enviado por el Señor a cumplir un trabajo especial, fue llevar la Palabra a naciones y reinos, hablando acerca del juicio de Dios sobre el pecado. Podemos leer como de sus labios salieron tan sinceras palabras: «He aquí, no sé hablar», siendo ciertas y verdaderas en su capacidad y pensamiento, pero él sabía que quién lo envió no aceptaría un «No sé hablar» o “Soy niño” como respuesta.

Él no tenía que idear ni inventar un mensaje, menos elegir una audiencia, tan solo debía hablar lo que Dios estaba mandando a donde le enviase, y sería capacitado para hacerlo con una fuerza que no era la suya, sino la de aquél que sujeta todas las cosas en el centro de su mano.

¿No ocurre lo mismo con algún joven predicador, o algún creyente que esté leyendo estas líneas?

Me gozo al pensar que el llamado de este temeroso jovencito nos enseña cuán íntimamente Dios nos conoce, nos evalúa antes de existir, nos cuida mientras estamos en el vientre de nuestra madre, planea nuestra vida mientras se forma nuestro cuerpo, valorándonos mucho más de lo que nos autovaloramos. Jeremías pensó que era demasiado inexperto para ser el vocero de Dios hacia el mundo, pero tuvo que aprender a depender del amor de Dios para poder soportar las dificultades que vendrían por hablar su verdad.

Dios le conoce de la misma manera que a este temeroso profeta, mucho antes de nacer o incluso que le concibieran sus padres, desde el principio está al tanto de su incapacidad, debilidad, y muchas veces, su poca experiencia en lo espiritual, pero con todo eso decide usarle, pero no le corresponde a usted cuestionar el llamado celestial; Dios se engrandece en su debilidad (2 Corintios 12:9 RVR1960). Dios promete estar porque su Espíritu Santo nunca le dejará si vive en obediencia a Dios. Muchas veces le corresponderá responder al mensaje de nuestro Padre con lágrimas en sus mejillas, con un corazón dolido por lo que Él le ha entregado o mandado a hacer, pero déjeme decirle: de Dios viene la recompensa, de un corazón dispuesto a obedecer a su mandato.

Los problemas que enfrenta, quizá, no sean tan nefastos como los de Jeremías, pero parecen ser demasiado críticos y abrumadores, la promesa de Dios a Jeremías y que también alcanza para su vida es que “nada le podrá derrotar por completo” (Jeremías 15:19-20 RVR1960).

En dependencia al Señor, nos ayuda a atravesar los problemas más angustiosos con seguridad, cuando le veamos cara a cara, si le somos fiel hasta el fin de nuestra carrera terrenal, le oiremos decir: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:21).


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