«¿Qué te cautiva?» por Maritza Santis

Cuando caminamos deseosos de hacer la voluntad de Dios, en obediencia a Su Palabra, se nos presentan tentaciones más fuertes, si no estamos fortalecidos y llenos de la presencia del Espíritu Santo, las cosas se pueden complicar haciéndonos coquetear con el pecado.

Tú no fuiste escogido, ni llamado, ni levantado para caer, sino más bien para ser un representante de la genética del Padre en este mundo. Te escogió y te llamó hijo para hacer de ti cosas sobrenaturales, predicar de su palabra, arrebatar almas de la perdición eterna, y ser vivo testimonio del amor del Padre.

Pero ¿Qué significa cautivar?: “Tomar a una persona cautivo, ejerciendo atracción irresistible hacia ella con una característica física o moral, que incita con su sonrisa, su propósito es seducir”.

Los sinónimos de cautivar: “Apresar, aprisionar, prender, encadenar, encarcelar, esclavizar, dominar, someter”., los antónimos de Cautivar: “Liberar, rechazar, repugnar, repeler”.

Ahora pregunto: “¿A ti que te cautiva?” “¿El amor y mandatos que el Padre estableció o lo que el mundo te ofrece?”.

Hay muchos ejemplos mostrando que cuando no estás lleno del Espíritu Santo, no es posible discernir si es Dios o es el enemigo, se viene a mi corazón un ejemplo bíblico, es el de Sansón. La palabra de Dios dice que él no se dio cuenta cuando la presencia del Padre se alejó, ¿qué pudo haberlo cautivado para que no se diera cuenta?  Sansón era un hombre al cual el Padre había depositado un gran llamado, con propósitos grandes, un hombre escogido, con poder y fuerza para derrotar.

Pero había algo en su corazón que no era correcto en el Señor, llega la tentación a su vida y lo terminó cautivando, se enamoró de una mujer encantadora y cautivante que le hacía creer que le interesaba, que se preocupaba por él. Sabía quién era Sansón, pero juiciosa quiso entrar a lo más profundo de su corazón, con el objetivo de descubrir el origen de su extraordinaria fuerza, lo logró. Él no supo discernir sus intenciones, ella era Dalila, que significa «coquetear» y, de forma cautivante, supo arrebatarle la bendición de Papá, bueno el resto de la historia ustedes la conocen.

Ahora quiero preguntarte:

¿A ti qué te cautiva?

– La presencia del Padre

– La forma que corresponde a tu entrega

– La forma de hacerte uno con tu Padre

– Sentirte hijo

– Deleitarte y saciarte en Él

¿O te cautiva?
– La sonrisa de esa mujer ajena.
– Las pasiones que despiertan con quien entregas tu corazón sin discernir

– La compañía que llena tus momentos de soledad.
– La aceptación de esa persona que te distrae de la presencia del Padre.

No te dejes cautivar por lo que tus ojos ven, dice su palabra que el corazón es engañoso. Pide la presencia del Padre para alejarte de lo que está fuera de sus planes, no justifiques tus necesidades diciendo que eres débil, porque en nuestra debilidad Él nos fortalece, aprende a cautivarte con su presencia y enamorarte de sus planes. No veas lo que te ofrece el mundo, que es momentáneo y fija tu mirada en lo eterno, como se menciona en proverbios, una palabra dura, pero verdadera.

“Para librarte de la mujer mala, de la lengua suave de la desconocida. No codicies su hermosura en tu corazón, ni dejes que te cautive con sus párpados. Porque por causa de una ramera uno es reducido a un pedazo de pan, pero la adúltera anda a la caza de la vida preciosa. ¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies” (Proverbios 6:24-28)


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