«¿Si tu milagro estuviera cerca?» por Maritza Santis

¿Pensando en no seguir porque crees que Dios no cumplirá? En su palabra, en el libro de Números 23:19 dice: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará?, ¿ha hablado, y no lo cumplirá?”.

Entonces, ¿Por qué estas dudando? Si, entiendo que el camino ha sido largo, muchas horas clamando, ha sido tanto el desgaste que simplemente es más fácil dejar de creer y saber que no sucederá, pero hoy traigo una palabra de aliento y dice que, aunque la carrera se haya puesto intensa y cuesta arriba, solo es el sprint final que Papá te está pidiendo para llegar a donde Él te ha prometido.

Cuando Dios llamó a Abram le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. (Génesis 12:1-2)

Le dio una instrucción y una promesa, Abram solo obedeció y creyó, el Padre nunca le indicó fecha ni le mencionó a donde debía ir, ni con quien debía hablar, ni mucho menos como lo iba hacer. Dios habló, y Abram obedeció, él supo que con esa palabra tenía que accionar por medio de la fe, pero su condición y actitud eran importantes, él estaba dispuesto, definido en quién ira Dios y entendido en que él era escogido, con ello a Abram no le importó dejar su tierra y su parentela.

Abram ya tenía algo muy importante, «La instrucción y respaldo de lo que Dios le había demandado», claro que a llegar a Egipto no encontró precisamente la gran bendición de naciones que Dios le había prometido, ¡Imagínate! Así somos nosotros, Dios nos dice algo y lo que primero que hacemos es empezar a imaginar, a fantasear, a dudar y tomar el papel de Dios, creyendo saber cómo lo realizará, dónde y cuándo, hasta rostro le ponemos a la promesa.  Abram, al llegar a la tierra prometida, encontró todo lo contrario a lo que Dios le había dicho, halló «hambre” antes de conseguir el fruto y saborear de él. Dios tendrá que evaluarnos y saber si estamos listos para recibirlo, «Porque antes de recibir la bendición Dios certificará nuestra obediencia, al Padre no se le escapa detalle, y no dará algo que Él no esté seguro de que estamos a un nivel de madurez para recibirlo”.

El Padre anhela que tengamos un corazón definido y no tibio, tenemos que dejar atrás lo que nos ata, esclaviza, nuestras viejas vestiduras y antigua forma de pensar, Dios no puede traer lo nuevo si  aún no se ha desprendido el antiguo yo.

¡No interrumpamos sus tiempos! Dejemos a Dios hacerlo, cuando interrumpimos sus planes solo atrasamos lo que Dios quiere hacer. No es con manos de hombre es con el poder de Dios, aprendamos a morir a nuestros anhelos y deseos, si Él ya murió por nosotros, aprendamos a morir por Él.

El enemigo usará muchos distractores para que desistamos ante nuestras promesas y pueden ser llenarnos de tibieza, enfriar nuestro primer amor y pasión por Dios

Los valientes, ante las promesas de Dios están dispuestos a obedecer, ser radicales ante lo que es correcto para Él, caminan con pasos firmes. ¿Así de fácil te rendirás? Pasa la prueba, avanza y camina, no renuncies, tú promesa está pronta a suceder, aprende a esperar en sus tiempos, que son perfectos.

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor” (Salmos 40:1)


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