«¡Tiempo de sanar tus heridas!» por Maritza Santis

Que nuestros procesos y desiertos hayan sido diferentes, no significa que un proceso de sanación no sea necesario. ¡No podrás ser levantado si no has sido restaurado!

Cuando caminamos bajo la voluntad de Dios y anhelamos ser agradables a Él, sabemos que nuestra vida depende de lo que Él desee hacer, es un Padre perfecto y hará de nosotros la mejor de sus obras. Su amor es sobrenatural y  sus planes son mucho más grandes de lo que nuestra mente pueda dimensionar. Es necesario que alcancemos mayores niveles de gloria, no siempre entendemos cada proceso, ya que el dolor que nos genera nos llega a nublar la vista y dejamos de percibir lo que sucede, pero quiero que pongas mucha atención a lo que te diré: Cada vez que llega un momento difícil,  es porque se aproxima algo nuevo y nos llevará a un nivel de madurez diferente, no lo hace para lastimarnos sino para edificarnos”.

Es imposible tener nuevos comienzos con un corazón que no ha sanado o está herido, ¿por qué? Tener un corazón herido es sinónimo de estar roto, lesionado y sangriento, haz cuenta que cada herida se va convirtiendo en espinas y cambian la esencia de quienes somos, un corazón que no ha sanado nos puede llevar a lugares inadecuados, decisiones que pueden cambiar por completo nuestra vida, no saber diferenciar entre la buena voluntad del Padre y lo que anhelamos en la carne, siempre estaremos a la defensiva imponiendo nuestra razón antes que a Dios, creemos que todo es injusto por no recibir lo que merecemos, olvidando que no es lo que queremos sino lo que Dios anhela para nosotros, nos volvemos egoístas, porque pensamos que no hay nada más importante que el dolor que sentimos, es como que existiera un velo en nuestros ojos que no nos permite ver y la necedad se incrementa.  Entramos a un estado de rebeldía y esto solo nos hace alejarnos del verdadero amor, solemos caer en el error de creer que nuestra voluntad es perfecta, nos obligamos a olvidar y creemos que con esto hemos sanado, pensamos que no hablar del tema es suficiente y aferrarnos a alguien es lo correcto, en fin “Inestables con nuestras decisiones”.

Efesios 4:18, en Su palabra menciona: “Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia Él”.

Esto es lo que más preocupa, que el corazón herido desencadenará falta de perdón, orgullo, amargura, desobediencia, indiferencia hacia la dirección de Dios, abriendo puertas inmensas al devorador. Cuando una herida toma fuerza en una persona, ya no le queda otra alternativa que ahogarse en su razón.

Lo que quiero decir con todo lo anterior, es que cuando un corazón no está sano, todo comienzo será impedido a iniciarse, ya que las decisiones estarán basadas en pensamientos y razones propias, ignorando la voluntad de Dios; en el caso de que algo se consigue obtener, todo será en desorden, por consiguiente, las consecuencias serán procesos que nos obligarán a regresar o terminarnos de alejar. ¿Acaso alguien con heridas podrá entender el verdadero amor?

Si Él ya murió por ti, ¿Por qué tu no por Él?

Luego Jesús les dijo a sus discípulos: “Si ustedes quieren ser mis discípulos, tienen que olvidarse de hacer su propia voluntad. Tienen que estar dispuestos a cargar su cruz y a hacer lo que yo les diga”. Mateo 16:24.

¿Cómo iniciar a sanar nuestras heridas?

La única manera de sanar una herida es a través del perdón, y perdonamos cuando nuestro amor es más grande que el odio que nos quiere consumir. (Santiago 5:16)

¡Hoy es el día de tu liberación!

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. (Salmos 51:17)

“Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Éste es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. (Romanos 12:1-2)


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