«Una perla de gran precio» por Damaris Barrera

“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.” (Mateo 13:45-46)

Los entendidos nos dicen que las perlas se hallan en el interior de ciertas especies de moluscos, una de ellas es la ostra u ostra perlífera, que abunda en el océano índico, especialmente, en el Golfo Pérsico.

Las perlas son unos glóbulos formados por diferentes sustancias (un grano de arena), estas sustancias se depositan alrededor de un cuerpo extraño o dentro de este, llegando a ser el resultado una joya o alhaja de las cuales muchos las utilizan como exhibición de lo hermosas que llegan a ser.

Me admiro al pensar que de un granito de arena, quizá muy insignificante, se logra formar un material tan valioso y admirable pero ¿cómo esta sencilla parábola hace vida en nuestro corazón y nos confronta?

Le invito a meditar en este episodio, Jesús compara el reino de los cielos con un mercader que busca buenas perlas me imagino la felicidad de aquel hombre de encontrar lo que tanto había buscado que habiendo hallado una va y vendió todo lo que tenía y la compra, de igual forma, esta parábola nos muestra el inmenso valor que el reino de los cielos tiene para nuestras vidas y lo hace semejante a un hombre que busca buenas perlas y ese detalle de “buenas perlas” nos sugiere que en este mundo hay buenas cosas, pero en medio de todas ellas existe una, que es preciosa en gran manera y excede su valor respecto a todas las demás y este es el glorioso evangelio que trazó y nos dejó nuestro Señor Jesucristo.

Podíamos leer al comienzo de este escrito, el extenso y minucioso proceso que requiere un granito de arena para poder llegar a ser una perla genuina y  perfecta, y es así que solo sumergiéndonos en las aguas, buscando a Dios en lo secreto mediante su palabra, oración y ayuno, viviremos en comunión constante con ÉL, en esa comunión intima en su Espíritu Santo que nos ayudará a menguar día tras día para que su perfecto carácter sea formado en nuestras vidas y, así como la perla preciosa, capa tras capa, proceso tras proceso, llegar a ser como Él. Sin duda que en esta vida terrenal nunca llegaremos a la perfección, pero a pesar de nuestras faltas confiamos en aquél que nos llamó a sus caminos, Él nos dará la victoria, como nos dice el apóstol Pablo “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3: 12- 14)

¡Dios les bendiga!

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